sábado, 13 de julio de 2013

Drácula (1958) de Terence Fisher


El Conde Drácula (Christopher Lee)
Hoy en día vivimos en la era de los remakes, en la que 9 de cada 10 estrenos son remakes de exitosas películas de décadas pasadas. Yo soy por lo general un enemigo bastante declarado de los remakes, por lo infumables que muchos de los hechos hoy en día resultan, los cuales en la mayoría de los casos destrozan la obra original hasta dejarla a la altura del betún. Y es que los responsables de esos engendros parecen olvidar una cosa que Terence Fisher tuvo muy clara allá por finales de los 50, cuando tomó el timón para dar rienda suelta a una serie de remakes de los clásicos de terror de los años 30 de la Universal. Estos clásicos eran y son obras maestras del género, eso nadie lo duda, pero Fisher, el guionista Jimmy Sangster y demás personalidades de la productora, supieron aplicar una fórmula que hizo que sus remakes no solo no se convirtiesen en calcos chapuceros de esas grandes obras, sino que además logró que éstos a su vez se convirtiesen en grandes clásicos de enorme genialidad. 

Mordiscos peligrosos

El profesor Van Helsing (Peter Cushing)
Los remakes de la productora británica Hammer son magníficos, concretamente este "Drácula" es una genialidad en toda regla, el porqué es fácilmente apreciable, ya que tomaron como inspiración los clásicos originales y les imprimieron modificaciones para convertirlos en obras repletas de personalidad y un sello distintivo. Es algo que deberían aplicarse los nefastos directores que hacen remakes hoy en día y se limitan a calcar a sus predecesoras de maneras lamentables, sin un atisbo de originalidad y sin ningún respecto a la obra original. Fisher en cambio consiguió que sus remakes se convirtiesen en obras que crearon escuela, un estilo propio, sustituyendo el claroscurista blanco y negro por una preciosa fotografía colorista, añadiendo la sangre (roja intensa), la violencia y la sexualidad (en pequeñas cuotas en comparación con hoy en día, pero en aquel momento fue un boom). Fue la época dorada de los remakes, una época de transición en la que la Hammer aportó un granito de arena muy importante para modificar el género. 

Mina (Melissa Stribling) y Arthur (Michael Gough) contarán con la ayuda de Van Helsing

La marca del vampiro
Destacar a las figuras míticas, Peter Cushing y sobre todo el inigualable y único Christopher Lee, para mí y para muchos, Drácula, no el mejor Drácula, sino Drácula con mayúsculas. Lee hizo algo impensable, aplacar la imagen de Bela Lugosi como el Conde y sustituirla por la de él mismo. Sinceramente me parece que esta versión de 1958 es la mejor adaptación de "Drácula", y es que al ser una adaptación no tiene porqué ser necesariamente fiel a la novela de Bram Stoker, la prefiero antes que la de Coppola (sin desmerecer sus logros) por mucho que los críticos quieran clasificarla (la de Coppola) como la mejor "Drácula" existente. En mi opinión la innovación que esta versión supuso en su época, no la logró Coppola en 1992, por muy buen director que sea o fuese. Para dejarlo bien claro, es una obra maestra.

Drácula a punto de hincar el diente

*MI MOMENTO FAVORITO: el combate final entre Van Helsing (Peter Cushing) y el Conde Drácula (Christoper Lee), una pareja de oponentes milenarios. 

"¿Por qué no te metes la crucecita por...?"

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada