domingo, 14 de julio de 2013

Viernes 13, parte 4: Último capítulo (1984) de Joseph Zito



¡Jason no ha muerto, pero mata que da gusto!
Llegó 1984 y los de la Paramount (productora de los films de "Viernes 13") decidieron que ya era hora de matar a ese personaje que durante cuatro años les había estado llenando las sacas de dinero, al asesino de la máscara de hockey, Jason Voorhees. Por lo tanto muy elocuentemente, llamaron a este cuarto episodio, "Último capítulo". Supuestamente, dado el título, la peña debía creerse que iba a ser el final de la saga "Viernes 13", que efectivamente Jason iba a encontrar su fin y que los adolescentes de Crystal Lake por fin iban a poder hacer acampada sin temor a que los cortaran en pedazos. Visto lo visto, estaba más que claro que la coletilla de "el último capítulo" fue un claro gancho de marketing para llamar la atención, porque no sólo no fue la última parte, sino que todavían quedaban un buen puñado de aventuras sangrientas de Jason por llegar. Como ya había comentado, en la tercera película Jason ya se había definido por completo al conseguir su icónica máscara de hockey y dar rienda suelta al cien por cien, a su capacidad para masacrar jovencitos. No obstante la superviviente de la anterior entrega le clavó un hacha en la cabeza y ¡pum! lo mató.

Crystal Lake nunca se queda sin turismo... ¡más carnaza para Jason!

¡Está visto que estos jóvenes no aprenden!
Esta cuarta película comienza justo en el mismo momento en el que quedó la anterior, con la policía peinando el lugar de la matanza anterior y llevándose los múltiples cadáveres de las víctimas de Jason y al propio Jason también "cadáver" al depósito. Pero todos sabemos que estos asesinos enmascarados son sobrehumanos, así que como aquél al que se le ha roto una uña, Jason se levanta y se pira de la Morgue otra vez rumbo a Crystal Lake, no podía ser de otra manera. A todo esto descubrimos que por allí cerca vive una familia, los Jarvis, compuesta por la madre (Joan Freeman) y los dos hijos Trish (Kimberly Beck) y el pequeño Tommy (Corey Feldman), en una bonita cabaña que es vecina de otra cabañita muy mona que, ¡sorpresa! alquilan unos adolescentes salidorros para hacer fiestas y bacanales. Pues como ya sabemos que a Jason le mosquea enormemente que estos intrusos le invadan su espacio, nuestro eficaz asesino se irá armando de todo tipo de objeto (véase hachas, cuchillos, lanzas u cualquier cosa punzante) para ir demostrando a estos jovenzuelos, de maneras sangrientas, que estaban muy equivocados si se pensaban que Crystal Lake era el lugar apropiado para ir a pasárselo bien. 

Cuando digo que no aprenden, ¡es que no aprenden,...

...y así acaban las cosas!
Si cogemos por los pelos este capítulo final, vemos que en sí no hay nada nuevo bajo el sol y argumentalmente hablando nos topamos con los clichés establecidos por la saga. No obstante será una película que a los fans más devotos de este estilo de films y de la propia saga (entre los que me incluyo) los hará disfrutar como locos. Estamos ante otra de las mejores secuelas de la saga y ya analizándola técnicamente, comprobaremos (aunque ningún crítico lo reconocerá) que la película está muy bien rodada, con una atmósfera aterradora muy conseguida. Contiene mucho suspense, manteniendo a Jason la mayor parte del tiempo oculto, para pegarte algún que otro susto. ¡Y lo consigue!

¡Tenías que haber salido por la otra puerta, mona!

Tommy (Corey Feldman) caracterizado como Jason
Por otro lado, la clásica banda sonora consigue seguir dando en el clavo a la hora de crearte tensión. Comprobamos como de nuevo, por parte de los jóvenes, se puede presenciar algún momento de humor (en la línea de la tercera), pero que esto no hace que se rebaje el contenido terrorífico que se va haciendo cada vez más latente hasta llegar al portentoso clímax final, que es buenísimo. A destacar que regresó el maestro Tom Savini para encargarse de los efectos de maquillaje (ya había sido el responsable de los de la primera) y su labor vuelve a ser espectacular, ofreciéndonos violentos y sangrientos asesinatos por un tubo (aunque en esta ocasión sí le metieron un poco la tijera en montaje, aunque no se muestra para nada edulcorada, tiene mucha violencia y asesinatos bastante gráficos y gore). 

Grotesca crucifixión

Trish Jarvis (Kimberly Beck), la "final girl" de este capítulo

En la parte actoral es digno señalar a la prota, Kimberly Beck, que lo hace muy bien, sufre, corre, salta, como toda una excelente "final girl", y al pequeño Corey Feldman, toda una institución del cine ochentero, un icono infantil de la década (puede vérsele en "Gremlins", "Los Goonies", "Cuenta conmigo" o "Jóvenes ocultos"), que además se mostrará como un gran rival para el propio Jason. Es obvio que pediría a la gente con gustos refinadísimos y amantes de los truñacos made in Fellini o Bergman, que se abstengan de ver un film como éste, porque lo encontrarán vacío e insustancial. Pero a los amantes del buen slasher, a los nostálgicos de los ochenta y a los adoradores de la saga "Viernes 13", les instigo a que no se la pierdan, porque es otro gran capitulazo (gracias a Dios, no el último) de esta excepcional e inmortal saga y se lo pasarán pipa disfrutando una vez más del sangriento legado de Jason Voorhees.

¡Jason sin máscara, es todo un sex symbol!

*MI MOMENTO FAVORITO: siempre recordaré aquella noche de invierno, cuando teniendo 6 ó 7 años, vi esta película por primera vez un Sábado en el programa "Alucine" de La2, que se me quedó grabada esta imagen, por lo mucho que me impresionó. Corresponde a uno de los asesinatos más brutales de la peli, el de un joven llamado Jimmy (Crispin Glover, en una de sus primeras pelis). El chico después de haber mojado el churro, baja muy contento a la cocina en busca de un sacacorchos, y vaya si lo encuentra. Aparece Jason y le clava este artefacto en una mano y por si fuera poco después le hunde un cuchillo de carnicero en toda la cara.

¡Algo de grimilla sí que da!

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