miércoles, 23 de abril de 2014

Tarzán de los monos (1932) de W.S. Van Dyke



Jane Parker (Maureen O'Sullivan)
¿Cómo se quedaría la peña allá por los años treinta, viendo un film como éste en pantalla grande? Seguro que les haría el efecto que a nosotros, en nuestro tiempo, nos transmitiría un "señor de los anillos" o un blockbuster del estilo, cargado de chillones efectos digitales. Incluso aún más, pues a día de hoy, estamos más acostumbrados a films de aventuras de una sobrecarga visual muy espectacular, no que en los años treinta era mucho menos habitual. Y es que Tarzán, ese personaje creado por Edgar Rice Burroughs (a finales del siglo XIX), ese hombre criado en la selva, fue uno de los más importantes estandartes de los films de aventuras de aquellos tiempos, a través de los cuales el público podía tener "contacto" con el lado más salvaje del ser humano, y "trasladarse" a recónditos lugares del planeta, inexplorados y desconocidos por la gran mayoría, posibilitados a través de esa magno componente mágico del cine. A pesar de que ya se existía una versión cinematográfica muda, realizada en 1918, sobre dicho personaje, digamos que este film de 1932 fue el que lo personificó en la pantalla propiamente dicho (su excepcional éxito generó además una larga lista de secuelas que fueron estrenándose paulatinamente a lo largo de los treinta y cuarenta, hasta que, como siempre pasa, el fenómeno se agotó). 

Simpático trucaje fotográfico para fingir que están en la selva

Más trucajes fotográficos, era la era pre-chroma
Gran parte del mérito lo posee el propio Johnny Weissmüller, ese nadador austro-húngaro (hoy sería rumano), sobre el que recayó el honor de caracterizar al rey de los monos, gracias a su físico más que a sus dotes actorales (bastante limitadas), lo que no impidió que durante generaciones (y me apuraría a decir que incluso a día de hoy) personificó el personaje de forma tan personal y acertada, que la figura del mismo quedaría unificada a la suya propia. Weissmüller debió de ser algo así como un icono erótico del momento para las féminas (y para los maromos también, que la homosexualidad ha existido siempre, aunque muchos digan que no), con ese minúsculo taparrabos, pecho al descubierto, colgándose de árbol en árbol a través de las lianas y gritando a pleno pulmón ese grito tan inmortal y característico. Hay que agradecer que no se hubiese instaurado el llamado código Hays en Estados Unidos, en el momento en que se realizó el film (el cual comenzó a dar morcilla en 1934). Este código, como ya he dicho en otras ocasiones, se encargó de censurar severamente un montón de aspectos de las producciones del momento, a modo de que no fuesen perjudiciales para la moral del público. Digo que se agradece porque "Tarzán de los monos" hace gala de unos elementos tanto eróticos como violentos, que de haber estado vigente el código Hays (al que no lograron escapar las secuelas), no habrían tenido la presencia que tuvieron. 

Tarzán (Johnny Weissmüller) hace acto de presencia

Tarzán pelea contra un león (se nota que es un muñeco,
se descarta el maltrato animal, gracias a Dios)
El film representa a la perfección el salvajismo de la jungla, un lugar en el que se mata o se muere y ello se puede ver reflejado a través del personaje de Tarzán, un tipo que se guía por sus instintos puramente animales (ya que no ha sido criado por los hombres), que no duda en matar para defenderse, a golpe de cuchillo, o para alimentarse, a la vez mostrando una gran bondad y solidaridad con sus "semejantes" animales. La presencia de la eterna Jane (interpretada por Maureen O'Sullivan, madre de Mia Farrow), incorporará su toque picantón y erótico-festivo (para el momento muy pero que muy sugestivo). Jane representa a una mujer liberal, audaz y valiente, que no sólo queda prendada por los encantos varoniles del hombre-mono, sino que le intriga desde el punto de vista antropológico. Las escenas protagonizadas por ambos debieron de hacer saltar chispas en el público del momento, por esa desinhibición (ciertamente erótica) que muestran en sus comportamientos, sobre todo en el de él, que no ha visto una mujer en su vida y todos los detalles de la anatomía de ella, le llaman la atención (y al público seguro que también, ¡listillos!). No obstante, tranquilos, eran los treinta, todavía quedaba mucho para que un desnudo integral dejase de ser motivo de escándalo masivo, "Tarzán de los monos" es a día de hoy lo suficientemente descafeinada como para que a ojos de los espectadores actuales, no llame especialmente la atención detalles como éstos (si ya "El lago azul" ha podido quedar desfasada, de este film ya no hablemos). 

Tarzán secuestra a Jane

La simpática Cheeta (el chimpancé Jiggs)
R.I.P. (1931 - 2011)
En lo referente a la puesta en escena, hay que saber también pasar por alto el hecho de que el paso del tiempo le ha hecho mella irremediablemente. No obstante, creo que desde el punto de vista artístico es bastante deslumbrante. Recordemos que todavía quedaba mucho para que los chromas y la tecnología digital pudiesen aportar un realismo artificioso a los decorados y que aquí tenían que apañárselas como buenamente podían mediante trucajes fotográficos, en algunos fragmentos cantan más que en otros el hecho de que los personajes realmente no se encuentran en lo profundo de la selva y que en realidad se hacen insertos de imágenes reales de animales en su entorno natural (seguramente extraídas de documentales). Los escenarios naturales también cantan a la legua, un tanto, que están realmente rodados en parques o bosques, más accesibles que la propia selva que se disimula que son. Un aspecto que me parece grandioso en la labor de entrenamiento de los animales que se utilizan en el film, véase algunas fieras (en las escenas de lucha), elefantes, o la propia mona Cheeta (el cual era un macho y se llamaba Jiggs y falleció en 2011, con 80 añazos, ¡menuda salud de hierro!), que es simpatiquísima. 

Jane y su padre son secuestrados por unos aborígenes

Tarzán al rescate: "Aaaaahhhhh"
Por supuesto me estoy refiriendo a los animales reales, que en ciertas ocasiones interactúan con los propios actores, ya que se nota en otras muchas, véase por ejemplo el caso de algunos gorilas, que se notan a la perfección que son personas enfosadas en un traje. En general creo que se da un retrato bastante acertado, teniendo en cuenta las limitaciones del film, de lo que supone la vida salvaje en la selva y que logra a grandes rasgos transportarnos a los espectadores a esos parajes naturales tan preciosos como peligrosos. Lo que es indudable es que "Tarzán de los monos" sigue siendo un majestuoso clásico de aventuras, que ha ido cosechando culto y admiración con el paso del tiempo y que, aunque, no vamos a negarlo, en muchas ocasiones se pueda ver lógicamente anticuada y un tanto artificial, sigue manteniendo un cierto toque mágico y nostálgico. Desde mi punto de vista, y a pesar de que se come muchos de los detalles de la historia íntegra de Tarzán (en sí, no nos aporta ningún dato de su procedencia, Tarzán en realidad era hijo de unos nobles ingleses, de apellido Greystoke), es la mejor de las películas realizadas sobre tan mítico personaje, junto con la maravillosa "Greystoke (la leyenda de Tarzán, rey de los monos)", realizada en 1984 (que era más fiel a la historia original), amén por supuesto (mi lado nostálgico manda), de la animada realizada por la factoría Disney en 1999. 

Un elefante muy bien amaestrado

*MI MOMENTO FAVORITO: ese bañito que se pegan Tarzán (Johnny Weissmüller) y Jane (Maureen O'Sullivan), en el que ella le hace indirectas de lo muy burra que le pone, sin que él se entere de nada. 

Saltan chispas en el agua

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